Artículo escrito por Edgar Marulanda, Gerente Comercial de Residuos de GRUPO TERRA ZAN S.A.S. E.S.P.
La industria láctea colombiana enfrenta un reto ambiental significativo en la gestión de sus aguas residuales. Los procesos de ordeño, pasteurización, limpieza y transformación generan efluentes con alta carga orgánica y nutrientes que, sin un tratamiento adecuado, impactan directamente ríos y quebradas. El verdadero desafío está en transformar este pasivo ambiental en una oportunidad de sostenibilidad y economía circular.
Las aguas residuales lácteas provienen principalmente de tres corrientes: el suero, las aguas de limpieza y los residuos de proceso. El suero lácteo es la corriente más crítica, con alta demanda química de oxígeno y fósforo. Su tratamiento requiere digestión anaerobia en reactores UASB o CSTR, capaces de transformar la carga orgánica en biogás aprovechable y reducir hasta un 90 % la contaminación. Las aguas de limpieza, cargadas de grasas y detergentes, necesitan trampas de grasa, separación fisicoquímica y procesos biológicos convencionales, como lodos activados o biofiltros, que evitan el colapso de redes urbanas y mejoran la eficiencia de las plantas municipales. Los residuos de proceso, ricos en proteínas y sólidos en suspensión, pueden ser tratados mediante coagulación-floculación y filtración avanzada, lo que permite recuperar subproductos y reducir la carga contaminante.
Aunque cada corriente tiene características distintas, una empresa no implementa tres plantas separadas. La solución más eficiente es diseñar una planta integral de tratamiento que reciba todas las corrientes y las conduzca a un sistema unificado. En este esquema, el pretratamiento se encarga de separar sólidos y grasas, mientras que los procesos biológicos y anaerobios manejan la carga orgánica total. Los módulos fisicoquímicos complementan el tratamiento para remover nutrientes y asegurar el cumplimiento de la Resolución 631 de 2015. Esta integración permite optimizar costos, simplificar la operación y aprovechar el biogás generado como fuente de energía interna.

En Colombia, las grandes plantas han avanzado en la implementación de sistemas de tratamiento, pero las medianas y pequeñas aún descargan sin control, especialmente en regiones lecheras como Nariño, Boyacá y Antioquia. El reto está en apoyar a estas empresas con financiamiento, asistencia técnica y control regulatorio, de modo que puedan adoptar plantas integrales que combinen tecnologías y aseguren la sostenibilidad. El tratamiento adecuado de las aguas lácteas no es solo un requisito normativo, sino una oportunidad para avanzar hacia la economía circular. La integración de tecnologías en una sola planta permite transformar los efluentes en energía, reducir costos y cumplir con estándares ambientales que fortalecen la competitividad del sector.
La sostenibilidad hídrica será posible si todos los actores Estado, empresas y comunidades asumen su responsabilidad. Sin embargo, aún queda una pregunta abierta: ¿está Colombia preparada para transformar la gestión de sus aguas residuales en una verdadera estrategia de sostenibilidad y economía circular? La respuesta dependerá de la capacidad del sector para integrar tecnología, inversión y conocimiento, y de la voluntad de convertir los desafíos ambientales actuales en oportunidades para construir un modelo productivo más limpio, eficiente y competitivo.





